¿Castigos o consecuencias?

¿Castigos o consecuencias?

crianzaDic 19 20130 Comment

La pedagoga mexicana Rosa Barocio hace una propuesta muy interesante respecto a los castigos. Su reflexión es que los niños los viven como algo desconectado de su acción incorrecta y que esto supone una gran interferencia para el aprendizaje de lo que no deben hacer. Por ejemplo, tiran toda la bolsa de palomitas por el suelo y les castigamos sin ver la tele por la tarde. Barocio propone “consecuencias” en lugar de castigos para que el niño pueda comprender e integrar de manera coherente la experiencia de reparar un acto mal hecho. Un ejemplo sería, si tiran la bolsa de palomitas, ellos barren y recogen todo.

 

Para establecer las consecuencias propone usar las tres R:

  •        Relacionadas. Las consecuencias deben estar relacionadas con la acción. Si le rompen un cuento a la hermana, la consecuencia será arreglarlo.
  •        Razonables. Siguiendo el mismo ejemplo, si el niño que ha roto el cuento tiene tres años no puedo esperar que lo haga solo, hay que ayudarle. O si es más mayor, no puedo pedirle que el libro quede perfecto  pero sí que lo haga solo.
  •         Respetuosas. No se trata de humillar al niño ni de hacerle pasar un mal rato “para que aprenda”. Nuestro objetivo es hacerle ver que estuvo mal lo que hizo y decirle cómo repararlo.

El pensamiento habitual ante esta propuesta suele ser el temor a que el niño disfrute con la consecuencia y por ello no consigamos modificar su conducta. Hemos crecido con un modelo educativo autoritario en el que el castigo está orientado al sufrimiento en vez de al aprendizaje. Lo importante no es que los niños lo pasen bien o mal arreglando el destrozo, sino que comprendan lo que no pueden hacer y también cómo solucionarlo. Tanto para los niños como para los adultos, es fundamental poder reparar los daños que causamos con o sin intención. Esta propuesta de consecuencias ofrece la posibilidad de equivocarse, aprender y rectificar.