Feminismo y maternidad:  un reencuentro con el placer

Feminismo y maternidad: un reencuentro con el placer

Dejé de leer a Simone de Beauvoir porque llamaba “maldición” a la menstruación y a la maternidad, y he de reconocer que esto me indignó. Después, ahondando en su biografía, comprendí mejor el gran esfuerzo que le supuso – a ella y a otras tantas mujeres – hacerse oír y darle un merecido lugar a su talento, en una sociedad en la que sólo los hombres podían realizar su vocación.

 

Hemos avanzado mucho, sí. Ahora las mujeres votamos, vamos a la universidad, nos divorciamos, tenemos cuenta bancaria propia y profesión remunerada. Pero, si tanto hemos evolucionado… ¿por qué al encender la televisión vemos que la regla es mejor “que no se note y que no traspase”? ¿Por qué parimos con dolor y huimos de la crianza como de una brasa ardiendo? Parece que nuestras capacidades intelectuales ya tienen reconocimiento pero, ¿seguimos estando intrínsecamente mal hechas?

 

Durante mucho tiempo, feminismo y maternidad han sido concebidos como opciones antagónicas. Llevamos aproximadamente cuatro mil años de patriarcado, y se nos ha situado en el lugar de engendrar hijos “para los hombres”, para asegurar su linaje y su patrimonio. Cuatro mil años de parir con dolor y gestar con fatiga (según nos manda Dios en el Génesis), encerradas en el espacio doméstico como se guarda a las reses marcadas en su redil. Cuatro mil años en que la maternidad y el matrimonio han supuesto relegar la vocación y el camino propios, anularnos y desaparecer.

 

Así que hemos olvidado que gestar, parir y criar forman parte de la vida sexual femenina y, por lo tanto, pertenecen a la esfera del placer. Un placer orgánico, emocional y cognitivo, un potencial de plenitud y disfrute que nos involucra de forma integral. Hemos olvidado que antes del patriarcado hubo más de treinta mil años de la Diosa Madre, que era redonda y amplia, con sus abundantes curvas y su generosidad fértil. En aquella época, menstruación y maternidad eran sagradas vías que permitían ahondar en el conocimiento profundo del mundo y de sus seres. Se paría con placer, y tanto gestación como crianza se integraban con naturalidad en la vida de la comunidad.

 

 

Este es el feminismo que quiero revindicar hoy, 8 de marzo. Un feminismo en el que no sólo tenemos un hueco en la sociedad porque somos tan inteligentes y capaces como los hombres, sino porque somos mujeres: cíclicas y creativas. Porque l siglo XXI ya es momento de ser dueñas de nuestra sexualidad y de nuestro placer, que podemos compartir con otros/as en encuentros consentidos y con sentido. Revindico la maravilla de nuestro ciclo menstrual, de nuestras fases de expansión, introspección y regeneración como fuente de salud y vida.

 

Revindico una maternidad plena, un embarazo y un parto gozosos, que nos empoderan y nos dejan una profunda huella de nuestra fuerza interior. Revindico el placer de criar y amamantar, de oler a nuestros bebés y acariciarlos, de pasar el día entero con ellos. Revindico no tener que elegir entre nuestra profesión y nuestros hijos, revindico espacios comunes en los que adultos e infantes podamos disfrutar, crecer y desarrollarnos juntos como personas. Revindico un mundo más maternal, más amoroso y más femenino. Revindico recuperar el placer de la maternidad, el placer de ser mujeres.

 

Berta Pérez Gutiérrez.

www.musicaysalud.org

 

Próximo Taller de Mujeres: “Mujer, Música y Salud” en Madrid.