Educación emocional

DOS orientaciones sobre la educación emocional

¿Cómo puedo ayudar a mis hijos?

La educación emocional está de moda. La ciencia ha demostrado que el desarrollo afectivo incide directamente en la inteligencia y la salud de nuestros hijos. Es fundamental que los niños aprendan a identificar y expresar sus sentimientos, a potenciar su “inteligencia emocional”. Pero muchos padres y madres se preguntan: ¿cómo se hace eso?

1.- Nombrar la emoción en vez de juzgarla.

Habitualmente, cuando un niño pequeño tiene una rabieta le decimos que es un caprichoso, cuando llora le consideramos chantajista o pesado, cuando defienden lo que quieren son unos tiranos, etc. Es decir, hacemos juicios de valor en lugar de nombrar sus sentimientos. Estas descalificaciones dejan una profunda huella en la autoestima del niño.
Si queremos ayudarles a ordenar su mundo interno, es mejor una intervención del tipo “vaya, estás muy enfadada” o “parece que te has quedado triste cuando se ha ido la abuela” o “creo que esto debe ser importante para ti ya que insistes tanto”. De este modo, el niño recibe referencias para entender lo que le pasa y poder organizar su mundo emocional.

2.- Separar lo que yo siento de lo que siente el niño.

Hacemos juicios de valor que nos impiden identificar la emoción del niño precisamente porque un sentimiento propio que no tenemos consciente nos está interfiriendo. Por ejemplo, “Juanito es un pesado, es un niño insoportable” es una descalificación del llanto o las rabietas del pequeño. Es muy diferente decir “hoy estoy muy cansada y me irrito fácilmente con el llanto de Juanito, me cuesta soportarlo”. En el primer caso cargo al niño con juicios negativos, y en el segundo asumo mis emociones de forma responsable.

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Repercusiones en la vida adulta

Es muy frecuente escuchar expresiones del tipo “hoy tengo un mal día”, “estoy tonto”, “no me aguanto ni yo”, “estoy muy pesada”, etc. Son fruto de lo que oímos en la infancia, cuando los adultos de nuestro entorno nombraron de esta forma las emociones que no podían soportar en nosotros.
Educamos a nuestros hijos tal y como fuimos educados. Si mi mundo interno no fue nombrado y ordenado es difícil que pueda acompañar a mis pequeños en ese aprendizaje.Es necesario hacer un proceso de terapia emocional para deshacer los juicios interiorizados e identificar las emociones genuinas. De este modo crecemos juntos. Los adultos reparamos las antiguas heridas y adquirimos la capacidad de prevenir ese desorden interno en nuestros hijos.

Si quieres más información sobre cómo hacer un proceso de terapia emocional ponte en contacto con nosotros: 637774241 o info@musicoterapiaymaternidad.es

Berta Pérez Gutiérrez.
www.musicoterapiaymaternidad.es

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